REFLEXIONES SOBRE EL CAMINO
Alejandro Ochoa, director de Contraste Producciones, es comunicólogo, guionista, creativo, productor y realizador con más de 20 años de experiencia en el desarrollo de estrategias, conceptos, dirección y realización de encuentros y cumbres empresariales nacionales e internacionales, campañas publicitarias, campañas de comunicación social, gestión de gobierno y campañas electorales, desde la estrategia y el desarrollo del discurso hasta la operación y coordinación del área de comunicación e imagen.
A continuación te compartimos algunas de sus reflexiones acerca de su oficio: el arte de comunicar, en algunos de sus ensayos realizados durante su trayectoria hasta el momento.

ROSSETA
A lo largo de la historia hemos buscado respuestas, modelos y teorías, expectativas y esperanzas que nos den el motivo de nuestro ser ¿porque aquí, porque ahora, a dónde vamos?
Ese destello de conciencia, que es la duda sistemática y la búsqueda de una explicación, es lo que nos hace humanos.
Es precisamente en los momentos de crisis, cuando arrecia el miedo, que buscamos explicaciones. Cada individuo las encontrará de acuerdo a su capacidad de análisis, marcos de referencia y sistema de creencias.
Por eso es importante elevar el punto de vista y practicar la conciencia crítica, para no ser presa fácil de las corrientes de opinión que hoy orientan las conciencias del mundo.
Este es mi modelo para interpretar las corrientes de la historia, su desarrollo en el tiempo y el devenir de la sociedad.
I.- LA LÍNEA
Como Arquímedes de Siracusa, necesitamos un punto de apoyo. En este caso nuestro punto de apoyo es el advenimiento de la conciencia del ser, la vida y la muerte, la singularidad y la necesidad de la trascendencia.
Como respuesta a esta necesidad empezamos a comunicarnos, a dejar testimonio de nuestra existencia mediante el arte rupestre, como en las cuevas de Altamira o Chauvet.
A construir centros de adoración y monumentos funerarios, como las pirámides de Saqara, la zona prehispánica de Chiapa de Corzo o de Stonehenge, cuando religión y ciencia eran un mismo conocimiento.
Evidencia física tallada en piedra que expresa la cosmovisión de su tiempo, paradigmas de fe que en muchos casos siguen sustentando el sistema de creencias de millones y que para nosotros es la simiente de la historia.
Esa primera evidencia que permite la datación es nuestro punto de partida.
La línea de eventos documentados que se traza desde este punto hasta el observador actual es lo que llamamos historia.
Como lo describió magistralmente Carl Sagan en su calendario cósmico, desde el dominio del fuego hasta la pandemia del coronavirus, todas las historias de amor y odio, guerra y paz, descubrimiento y atrocidades, todo el genio de la humanidad consiente abarca los últimos 21 segundos de este año cósmico.
10,000 años de historia es lo que podemos observar desde nuestro lugar de privilegio en el tiempo.
II.- TEXTO Y CONTEXTO
Para “leer el tiempo” los historiadores y teóricos alemanes de inicios del siglo XX establecieron 3 niveles de observación para el estudio de la historia.
- Historia Sintética.
El estudio de la historia sintética es la que aprendimos todos en la escuela: una sucesión de fechas inconexas unas de otras, fechas que memorizamos, recitamos y conocemos solo como referencias de algún hecho con relativa trascendencia para el cuerpo social del que formamos parte.
La historia sintética aporta la información mínima necesaria para operar funcionalmente en nuestra sociedad, sin embargo, esta información, enriquecida con una visión crítica, puede evolucionar en conocimiento.
- Historia Crítica
La historia crítica entiende que cada hecho registrado es una sucesión concatenada de hechos que no se explican por sí mismos sin el contexto, no sólo en su tiempo, sino como consecuencia de contextos anteriores en el tiempo.
Para entender en su contexto el llamado a la independencia de México en 1810, tendríamos que revisar la invasión napoleónica a España y cómo Miguel Hidalgo y Costilla proclamaba al Rey Fernando VII cómo el legítimo monarca de España ante el hermano de Napoleón Bonaparte, José Bonaparte el usurpador.
Las corrientes independentistas de América Latina de 1808 a 1826 no se podrían entender sin la revolución francesa de 1789, que decapitaba a la monarquía católica para establecer un nuevo orden social.
De igual manera, la Revolución Francesa no se puede concebir sin la influencia de la ilustración que alimentó la independencia de Estados Unidos en 1776, que establecía la primera autoridad civil proclamada desde el pueblo y para el pueblo y no desde la coronación por parte de alguna iglesia, fuera anglicana, calvinista, luterana o católica.
Y ninguna corriente de pensamiento que haya alimentado las revoluciones para la instauración de regímenes de corte liberal-burgués en sustitución de las monarquías absolutas, como la de los Países Bajos del siglo XVI, la rebelión de Cromwell en la Inglaterra del siglo XVII, la Revolución Francesa del XVIII y finalmente en los países occidentales durante el siglo XIX, se pueden entender sin el Renacimiento, que ponía en el centro de la historia al ser humano y no a Dios.
La historia crítica es un algoritmo de búsqueda de árbol inverso, es ir de la hoja a la raíz, explorando todas las derivaciones y ramificaciones previas posibles.
Así, y solo así, podemos emitir una opinión con cierta calidad de contenido.
Sin embargo, aún queda un tercer nivel de lectura: La historia monumental.
Así como una flor no es resultado espontáneo de un día, así la vida de una persona o una nación – aplicando la teoría de las escalas – es producto de todas las variables congénitas, sociales, psicológicas y culturales de su entorno.
A esta línea virtual que hemos trazado desde los primeros destellos de la conciencia humana hasta el momento actual hemos de visualizar un tramado en infinidad de niveles laterales, superiores e inferiores.
Interpretar un hecho correctamente – el texto – depende de cuántas variables podamos identificar y reconocer en todos los demás niveles: el contexto social, psicológico, cultural, económico y político.
En este punto integramos nuevos elementos al conjunto de variables a considerar.
III.- LA CRUZ
La cruz es resultado de integrar en nuestra trama de visión cuántica dos elementos indivisibles que, como dos grandes polos gravitatorios, tensan el desarrollo de la historia: la política y la economía.
La dialéctica hegeliana primero, y la dialéctica histórica de Karl Marx, después, definen las dos posturas del pensamiento político-económico en los últimos 200 años: la izquierda, con su expresión radical del marxismo leninismo, y la derecha, con su extremo neoliberal del capitalismo salvaje.
Democracia y estados totalitarios, libertad de expresión y de conciencia, dogmas de fe y los pilares de la sociedad, libre tránsito del capital y comercio sin fronteras, clasismo, racismo y eurocentrismo.
Todas las posturas del pensamiento contemporáneo pasan por esta dicotomía, más parecida al catarismo maniqueo del siglo XI que al renacimiento del siglo XV que dio origen a todos los eventos que configuran el estado actual de las cosas.
Observar los sucesos, leer el contexto, identificar las conexiones y los hechos en torno a los eventos que nos muestran “la realidad” a partir del tramado documentado en los cuatro ejes y en la mayor cantidad de niveles posibles, nos permitirá decodificar los intereses que hay detrás de todo lo que ponen ante nuestros ojos.
A partir de esta premisa podemos desmenuzar cualquier hecho, conflicto religioso, guerra, golpe de estado, giro electoral, crisis energética o quebranto económico, en cualquier nivel y alcance: regional, nacional, continental o global.
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